¿Roma no paga traidores? La incoherencia de la política en una frase de moda
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Días pasados, una concejal de la ciudad de Orán, representante de La Libertad Avanza, votó en contra de su propio espacio político y permitió que el oficialismo oranense recuperara la conducción del Concejo Deliberante. La decisión le valió una dura crítica interna y su expulsión del espacio tal como contara oportunamente NORTE YA. En ese contexto reapareció una frase repetida hasta el cansancio en la política actual: “Roma no paga traidores”.
En la Argentina de estos tiempos, la expresión se utiliza con liviandad. Pero la pregunta que surge es inevitable: ¿qué es traición y qué es incoherencia?
Milei le negó el saludo a Jorge Macri tras el tedeum del 25 de Mayo y luego justificó su actitud con la frase: «Roma no paga traidores». Ahora son socios políticos en CABA.
El peronismo ha tenido dirigentes que acompañaron a Menem, luego al kirchnerismo, más tarde se ubicaron en frentes “moderados” o “tibios”, algunos migraron al PRO y Juntos por el Cambio, otros a espacios provinciales, otros continuaron con Cristina Fernández de Kirchner y otros armaron pequeños partidos para conservar bancas o restarle votos al PJ.
El radicalismo también atravesó mutaciones profundas: dirigentes que reivindicaban a Yrigoyen, Illia y Alfonsín terminaron integrando fórmulas con Cristina Kirchner y hoy son señalados como “radicales con peluca” por su acompañamiento casi sin cuestionamientos a Javier Milei.
El PRO, que hizo del republicanismo una bandera, hoy evita discutir con firmeza decisiones del oficialismo nacional que para muchos rozan lo inconstitucional o lo antidemocrático.
La Coalición Cívica mantiene un discurso crítico con sustento, aunque le resulta difícil despegarse de su acompañamiento al gobierno de Mauricio Macri, y no denunciar con la contundencia de otros tiempos las irregularidades que observó en aquella gestión.
La izquierda y el socialismo conservan cierta coherencia ideológica, pero sus internas permanentes los han estancado electoralmente, sin renovación de nombres ni ampliación de base.
La Libertad Avanza utilizó como eslogan “Roma no paga traidores” y construyó su identidad bajo la consigna “anticasta”. Sin embargo, en su propio espacio conviven apellidos históricos de la política argentina: Caputo (que según el presidente paso de ser el responsable de la deuda gestión Macri al mejor ministro de la historia), Sturzenegger, Menem, Olmedo, Scioli o Patricia Bullrich, una de las dirigentes que más cambios de espacio político protagonizó desde el regreso de la democracia en 1983. En campaña fue acusada por Milei de poner bombas en jardines de infante en su época de la JP y hoy es la referente en el Senado.
En la provincia de Salta, sus principales dirigentes acompañaron al kirchnerismo —como Emiliano Estrada— o a espacios provinciales como el de los hermanos Biella (Salta Independiente), hoy cercanos al gobernador Gustavo Sáenz, sin embargo en el uso de memoria selectiva hablan de coherencia política.
Si “Roma no paga traidores”, ¿a quién le cabe la frase? ¿A quienes ingresaron por espacios peronistas, radicales o provinciales y hoy votan sistemáticamente con el oficialismo nacional bajo el argumento de ser “dialoguistas”, cuando en campaña sostenían lo contrario? ¿O solamente “Roma no paga traidores” es para quienes deciden cambiar su voto en LLA?
¿Cuál es el límite que la sociedad está dispuesta a tolerar frente a discursos cambiantes, posturas contradictorias y una política que parece haber naturalizado la incoherencia?
