A 50 años del golpe: el inicio de la etapa más oscura de la Argentina
Cada 24 de marzo, Argentina recuerda el capítulo más oscuro de su historia: el inicio del golpe de Estado de 1976 que dio paso al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Aquella madrugada, las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón e instauraron una dictadura que se extendería hasta 1983, marcada por la represión, la censura y la desaparición sistemática de personas.
El contexto previo al golpe estaba atravesado por una profunda crisis política, económica y social. La violencia escalaba con enfrentamientos que dejaron cientos de muertos, en acciones atribuidas a organizaciones armadas como Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo y la Alianza Anticomunista Argentina. En ese escenario de inestabilidad, sectores militares y civiles justificaron la intervención como una respuesta al desorden, aunque el resultado fue la instalación de un régimen autoritario que arrasó con las instituciones democráticas. No fue una guerra, fue terrorismo de Estado.
La Junta Militar implementó un plan sistemático de represión ilegal. Miles de personas fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas en centros clandestinos de detención. El terrorismo de Estado no solo buscó eliminar a opositores políticos, sino también sembrar el miedo en toda la sociedad. La censura, la persecución ideológica y la prohibición de la actividad política formaron parte del mismo engranaje. Esto derivó en miles de argentinos que debieron exiliarse, entre ellos artistas e intelectuales, perseguidos por pensar distinto.
Este accionar no fue un hecho aislado. La dictadura argentina se inscribió en una estrategia regional conocida como Plan Cóndor, un sistema de cooperación entre regímenes militares de América Latina para perseguir, secuestrar y eliminar opositores más allá de las fronteras nacionales, en el contexto de la Guerra Fría.
El número que se convirtió en símbolo: los 30.000 desaparecidos
La cifra de 30.000 desaparecidos sintetiza la magnitud del terrorismo de Estado durante la última dictadura. Mientras algunos sectores cuestionan el número, documentos desclasificados aportan otra dimensión: un cable del Departamento de Estado de Estados Unidos de 1978 ya señalaba que funcionarios de la propia dictadura hablaban de al menos 15.000 personas muertas o desaparecidas. A esto se suman los cientos de niños nacidos en cautiverio, muchos de los cuales aún hoy no conocen su verdadera identidad.
Más que una discusión numérica, los 30.000 representan una certeza colectiva: lo que ocurrió fue real, fue masivo y no puede repetirse.
En paralelo, el modelo económico aplicado durante esos años generó profundas transformaciones. Creció el desempleo, se profundizó la crisis productiva, cerraron miles de empresas y la deuda externa se multiplicó. En el último año del gobierno militar, la inflación llegó a superar el 400%. Mientras tanto, la represión garantizaba la ausencia de resistencia social frente a estas medidas.
En 1982, acorralada por la crisis y el creciente rechazo social, la dictadura de Leopoldo Fortunato Galtieri apostó a una jugada desesperada: la Guerra de Malvinas. Lo que fue presentado como un acto de recuperación soberana terminó en una derrota frente al Reino Unido, con cientos de soldados argentinos muertos. La guerra no solo dejó al descubierto la improvisación del régimen, sino que terminó de sellar su caída.
Con el regreso de la democracia en 1983, Argentina inició un camino singular en materia de memoria, verdad y justicia. El Juicio a las Juntas, las investigaciones posteriores y la anulación de las leyes de impunidad permitieron avanzar en la condena de responsables de crímenes de lesa humanidad.
A 50 años del golpe militar, resuenan las palabras finales del fiscal Julio César Strassera en el histórico Juicio a las Juntas:
“Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que pertenece ya a todo el pueblo argentino.
Señores jueces: Nunca más”.
